Archivos Mensuales: octubre 2013

Decidiendo nuestra conducta

Carmen, la terapeuta ocupacional de Adín, dice que somos una máquina de hacer actividades, y sí, es verdad, todo es conducta. Pero… ¿por qué cada uno tiene su propia conducta? Y, ¿por qué los problemas de conducta? ¿Qué es la conducta? La forma de comportarse, ¿en base a qué?

La conducta es movida por la motivación, pero está claro que cada uno se motiva por sus cosas… La motivación es aquello que nos permite tomar las decisiones que nos apetece tomar. Al final, somos una máquina de tomar decisiones. Decidimos nuestra conducta. Aunque alguien nos imponga algo, siempre podemos decidir cómo actuar. Si alguien nos propone algo, podemos decidir si estamos motivados o no para hacerlo. Nuestra motivación es aquello que nos permite decidir entre varias opciones, y es algo que hacemos continuamente. Decidimos cómo alimentarnos, nuestro ocio, el descanso, sobre crianza, sobre relaciones… Además, somos conscientes de que nuestras decisiones, y por lo tanto nuestra conducta, va a tener unas consecuencias, de las cuales somos responsables. Estas consecuencias pueden tener un alcance diferente en nuestras vidas y en las de nuestro entorno físico y social. Las decisiones son muy variadas, y pueden consistir, desde qué carrera elegir hasta qué ropa ponernos. También pueden consistir en decidir cómo queremos relacionarnos: con nosotros mismos, con nuestros niños…

Por lo tanto, decidimos cómo comportarnos en base a nuestra motivación, aunque también tenemos muy presente cómo nos influirá a  nuestra conducta y a las personas que nos rodean. La motivación interna y las consecuencias de nuestra conducta, son por tanto el punto de partida de nuestra conducta. Si pensamos en dichas consecuencias, lo mejor que se me ocurre es que la base en todo momento sea el respeto hacia nosotras mismas y hacia las personas de nuestro alrededor.

Nos han enseñado mucho a respetar este entorno. Es una frase muy repetida: “hay que respetar a los demás”, pero nos hemos olvidado un poco del respeto hacia nosotros mismos. Es verdad que para respetarnos tenemos que conocernos mucho y tenernos muy presentes en nuestras vidas, y esto no es fácil.

Además, antes de cuidar tenemos que cuidarnos y para respetar a los demás tenemos primero que respetarnos. Y, para cuidarnos y respetarnos es importante que nuestras decisiones nos hagan felices, que estemos a gusto con nuestra conducta. Esa felicidad es la que nos indica que hay un respeto hacia nosotros mismos.

Hablamos de autoestima, de auto-concepto positivo, y al final es a ésto a lo que nos estamos refiriendo. Una persona con una buena autoestima es aquella que puede respetarse y cuidarse, valorándose a sí misma y siendo capaz de tomar decisiones y comportarse de una manera que le haga feliz a ella y los que le rodean: Sintiendo, Pensando y Haciendo en el mismo color.

Nuestra estructura emocional sienta las bases para nuestra toma de decisiones, y en consecuencia de la manera en la que nos comportamos. Es la responsable de que el comportamiento pueda o no ser guiado por ese respeto del que hablamos.

Esta estructura emocional, que se forma en casa, establece sus bases desde el primer momento de vida, desde que somos bebés, desde que estábamos en el útero de nuestra madre. Ya sabíamos decidir entonces. No conocíamos el mundo tanto como ahora, igual con los bebés no conocen el mundo tanto como nosotros.

Por suerte tienen muchísimas ganas de descubrirlo, pero todavía no lo conocen. Afortunadamente no están solos, y los niños cuentan con los adultos, con mayor información sobre este mundo. ¡Menos mal que tuvimos a unos adultos mirándonos cuando éramos bebés, niños, adolescentes…! porque hay muchas situaciones peligrosas, o poco recomendables que ellos todavía desconocen, porque no han estado aquí tanto tiempo como nosotros para saberlo, les falta experiencia. Nuestra figura como adultos que tenemos la suerte de compartir nuestra vida con niños (sean nuestros hijos o no) es la de acompañantes, para poder transmitirles, desde nuestra experiencia, cómo vemos el mundo. Digo como lo vemos, porque todavía nosotros continuamos descubriéndolo, y para nada estamos en posesión de toda la información y los conocimientos de este mundo que compartimos.

IMG_7391De la misma manera, los adultos que acompañamos a los niños les ayudamos a comprender el mundo y conocerlo mejor reduciendo los riesgos. Y ¿Cómo sería una buena manera de hacer esto? Ayudándoles a conocerse a ellos mismos, estableciendo una estructura emocional que les permita tomar sus propias decisiones, conscientes de lo que suponen, respetándose a sí mismos y a los demás.

No podemos vivir por ellos, tomar decisiones por ellos (realmente por nadie). Si de algo somos dueños es de nuestras decisiones y nuestros comportamientos, pero sí podemos ayudar a los niños a que se respeten y se cuiden mucho, se valoren, se conozcan, y así poder tener un comportamiento, una conducta, que les permita ser felices.

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