Archivos Mensuales: marzo 2014

HERMANOS Y DISCAPACIDAD

Cómo se sienten, cómo manifiestan sus sentimientos y cual es su papel con respecto al hermano con discapacidad.

Silvia Carrasco, nos regala este texto.

hermanos y discapacidad

Compartir, negociar, tolerar la frustración, corregirse, retarse, dar y recibir, luchar, aconsejarse, controlar impulsos… y sobre todo acompañarse e inundarse de cariño, son entre otras cosas lo que nos aporta un hermano.

Los hermanos nos acompañan en nuestro desarrollo, crecimiento y aprendizaje. Desde el inicio, se establece una relación muy especial, diferente a todas las demás. Este vínculo es único, irrepetible y esencial para el desarrollo afectivo y social de la persona, contribuyendo también al desarrollo motor, del lenguaje, del pensamiento… siendo uno de los vínculos más fuertes y duraderos de la existencia de la persona.

Cada relación fraternal es única y singular. Sin embargo, crecer al lado de un hermano/a  con discapacidad siempre es una experiencia especial y distinta para cada miembro de la familia. Independientemente de cuál sea la discapacidad, enfermedad o condición limitante que tenga el hermanito/a, tanto los padres como los hermanos requieren una atención especial, comprensión y apoyo.

Normalmente, los padres encuentran ayuda y comprensión por parte de los diferentes profesionales que asisten a su hijo/a, asociaciones y otras familias que se encuentran en la misma situación y comparten sus experiencias.

Los hermanos del niño con discapacidad, son en muchas ocasiones “el colectivo olvidado”. En ocasiones, se les priva de información, de participación y de implicación con su hermano/a debido a que los padres consideran, erróneamente, que éstos/as no tienen las herramientas necesarias para afrontar esa situación y que de esta forma se les protege y se les exime de preocupaciones y responsabilidades.

Los padres se esfuerzan por ocultar sus sentimientos en torno a la situación que vive la familia y mostrarse fuertes, de buen humor, como si nada estuviera sucediendo. Así, el hijo sin dificultades recibe este mismo mensaje de disimulo y encubrimiento de las emociones. Normalmente encuentran poca tolerancia por parte de los adultos para la expresión abierta, sobre todo, de sus sentimientos negativos hacia sí mismo y hacia el hermano/a  con discapacidad. Todo este cúmulo de sentimientos negativos, que no encuentran una vía de expresión directa, pueden manifestarse de diferentes formas, dando incluso determinados síntomas y/o afecciones psicosomáticas. En este tipo de situaciones, los hermanos/as del niño con discapacidad se ven necesitados de un permiso para no negar ni suprimir esos sentimientos, sino para expresarlos, compartirlos, comprenderlos y manejarlos.

Por el contrario, el hermano/a puede verse obligado a crecer de golpe debido a las grandes responsabilidades que conlleva el cuidado y atención de un hermanito/a diferente. Se sobrevaloran sus posibilidades colocando al niño en el lugar del adulto cuando, por madurez y edad, ni le corresponde ni está realmente capacitado para ello. En estos casos es necesario bajar esa auto exigencia, hacerles sentir que tienen derecho a ocuparse de ellos mismos, atender sus necesidades y vicisitudes de su desarrollo y, sobretodo, abrirnos a conocer sus sentimientos.

En todos los casos, es relevante y necesario un tiempo de dedicación exclusiva al niño. Un tiempo que sea de calidad, donde el adulto esté atento a sus inquietudes desde el amor, el respeto y la comprensión.  Tener un espacio familiar para poder expresar y compartir las emociones es de vital importancia, no sólo por la situación vivida por el hermano/a, sino por la de toda la familia.

Es fundamental respetar y cuidar el espacio de cada integrante con el objetivo de que el niño/a con discapacidad no termine absorbiendo toda la energía familiar. En adición, el intercambio de necesidades, experiencias, emociones… con iguales u otras familias en la misma situación, han demostrado tener resultados bastante positivos para hacer frente a los problemas que van surgiendo.

Finalmente, será fundamental llevar a cabo una planificación del futuro entre todos los integrantes de la familia, donde se le pueda dar a cada uno el protagonismo adecuado y necesario por el lugar destacado que tendrán en el futuro junto a su hermano.

Son situaciones difíciles las que se viven con un hijo o hermanito con discapacidad, donde todas las familias son muy vulnerables, pero muy fuertes a la vez. Esto puede ayudarnos a sobrellevar los problemas y vivir con ello, convirtiendo una situación difícil en experiencias llenas de amor, satisfacción y muy enriquecedoras para toda la familia.